Hoy 12 de junio se cumplen 25 años de la firma de los tratados CEE por España. Con este acto los españoles nos integramos en las Comunidades Europeas, o con más frecuencia denominadas en singular, la Comunidad Económica Europea, hoy Unión Europea (UE).
Aquel día de primavera de 1985 en que un gobierno socialista nos metió en Europa -no olvidamos los esfuerzos de otros gobiernos anteriores para conseguir el mismo fin- dejó España de ser el problema para que Europa fuera la solución, según expresión pesimista de Ortega y Gasset muchos años antes.
A partir del primero de enero del año siguiente, 1986, la pertenencia a la CEE se hizo efectiva. Hemos recorrido un largo y difícil camino desde entonces. Dentro de ese nuevo espacio político, España ha conseguido emprender el viaje hacia la modernización: se ha consolidado la democracia, hemos hecho reconversiones duras de varios sectores productivos que estaban en plena ruina dando paso a un desarrollo económico moderno, hemos construido un estado autonómico que ha permitido la descentralización de la Administración central, se han implementado múltiples derechos, se han construido infinidad de infraestructuras, nos hemos dotado de una moneda europea, el euro, se ha desarrollado el estado de bienestar aunque falte mucho por hacer... En definitiva, han sido 25 años de grandes avances en el devenir histórico de nuestro país.
Ahora falta superar esta tramenda crisis económica que nos amenaza, reforzar la cohesión de los países que componen la Unión, implementar una política económica europea con una armonización fiscal efectiva, integración cultural..., en definitiva, "nacionalizar" Europa.
"Nacionalizar Europa" consiste en hacer de la Unión Europea una gran nación, una gran Estado federal dotado de una Constitución que sea asumible por todos, que nos permita elegir Presidente y cámaras legislativas por sufragio universal directo y secreto de los ciudadanos, se articule una política exterior de la UE, tengamos un ejército europeo moderno y suficiente, se integren los sistemas de seguridad nacionales en otro verdaderamente europeo, se unifiquen los sistemas judiciales, se vaya generalizando la utilización de un idioma común junto a los demás de cada estado... En algunos temas vamos caminando a ritmo lento. En otros aún no hemos comenzado ni siquiera a trazar el itinerario.
Es urgente impulsar con firmeza este proyecto, porque el mundo está cambiando a gran velocidad y Europa está dejando de ser el centro del mundo -adiós al eurocentrismo- que camina, cuando menos, hacia una multipolaridad efectiva. Europa no puede permitirse el lujo de convertirse en una región periférica del planeta, algo que se ve claramente si, en lugar de posicionarlo en el meridiano cero de Greenwich, giramos el globo terráqueo y lo ponemos frente a nosotros a la altura, por ejemplo, del meridiano 90ºE, o 180ºE, o quizá, 90ºO. Y, por qué no, observemos el mundo desde la vertical del polo Norte para poder apreciar otra imagen del planeta muy distinta de la que culturalmente nos han impuesto. Qué diferente perspectiva se tiene si hacemos este ejercicio sencillo de pedagogía política.
Por eso, a pesar de las miserias del ejercicio de la actividad pública, a pesar de la falta de liderazgos verdaderamente europeos, a pesar de los egoismos nacionales, a pesar de las múltiples zancadillas (muchas veces de nuestros propios amigos)... a pesar de todo, Europa es la solución.